miércoles, diciembre 02, 2009

ESPACIOS PÚBLICOS HÍBRIDOS: Entrevista con Domenico di Siena

Publicamos a continuación una entrevista realizada por Domenico di Siena [Ecosistema Urbano] a Paula Alvarez (sin|studio).
Se trata de una de las entrevistas realizadas por Domenico en el marco de la investigación que desarrolla sobre el modo en que las nuevas tecnologías, y en concreto, la llamada ciudad híbrida pueden favorecer la revitalización de los espacios públicos. El resultado de este trabajo será publicado en un libro y en una página web con licencia "Creative Commons": Reconocimiento - NoComercial (by-nc).


Diagrama Otterlo Circles, de Aldo van Eyck, para el último Congreso de los CIAM

DOMENICO DI SIENA - ¿Qué entiendes por espacio público?

PAULA ALVAREZ - Resulta muy difícil definir una categoría espacial (y política) tan compleja como es lo público. Tradicionalmente el espacio público (abierto, exterior, visible) se ha definido por oposición al privado (cerrado, interior, vedado), pero los límites entre ambos han sido móviles a lo largo de la historia, volviéndose del todo borrosos a lo largo del pasado siglo. Fenómenos como los múltiples procesos de privatización de lo público —de la economía a los espacios urbanos— o la progresiva irrupción de lo público en el espacio de la intimidad con el desarrollo de los mass media, y viceversa, han hecho que dicotomías como público/privado queden obsoletas a la hora de comprender y operar sobre la realidad.
Cuando hablamos de espacio público lo que nos preocupa es la posibilidad de un espacio democrático: libre, compartido, accesible, vivo… y cómo contribuir, desde nuestra práctica, a su construcción. Es una cuestión política, en definitiva. En mi tesis planteo que para poder, no ya materializar, sino solamente imaginar este espacio ciudadano, tenemos que dejar de pensar en términos de “espacio público”. No sólo por lo impreciso de esta categoría, sino porque en nuestro imaginario y nuestra cultura (occidental) el término “público” está ligado a dos modelos espaciales (y políticos) irrealizables. El primero de ellos es el modelo clásico de espacio público, representado por el ágora griega, espacio de expresión/decisión y visibilidad de una comunidad de iguales ante al ley, y que aún funciona como imagen universal de la democracia. El segundo es el ideal moderno de espacio público, que podría ser representado por el diagrama “Otterlo Circles” que Aldo van Eyck presentó en el último Congreso de los CIAM (1969): un espacio de consenso de la colectividad e integración de la diversidad. En ambos modelos existe una trampa: pensemos que el ágora griega estaba vedada a la mujer, los esclavos y los extranjeros; era por tanto un espacio de representación y a la vez de exclusión. Y el ideal moderno, espacio de integración de la diversidad en una ‘unidad’ también es excluyente: neutraliza las minorías, y esto es lo que ha sucedido, por ejemplo, con la comunidad gay. Si, como relata Richard Sennett en Carne y Piedra, las mujeres griegas en las fiestas de Adonis subían a los tejados arropadas en la oscuridad para expresarse y dar rienda suelta a sus deseos, los homosexuales (o los sin techo) han desarrollado su vida en común al margen de la vida pública y de los espacios accesibles, exteriores, iluminados, visibles… Con la globalización, la imposibilidad de integración de la diversidad (y la politización del espacio público como instrumento de normalización, regularización y control) se ha hecho más patente: en una sociedad heterogénea, atravesada por el multiculturalismo y la diversidad, y en la que las minorías, gracias al desarrollo de las TICs, han logrado tener voz, carece de sentido hablar de iguales, de comunidad, de integración o de consenso. Muy al contrario, la posibilidad de la vida en común necesita la creación de espacios de cooperación de los diferentes, de expresión de las singularidades y de visibilización de conflictos. Este tipo de espacio difiere radicalmente del sentido clásico y moderno de “espacio público”. Siguiendo a Toni Negri en “La Fábrica de Porcelana”, prefiero llamarlo espacio ‘común’.
DS - ¿Cómo calificarías el espacio público de las ciudades de hoy? ¿Cuáles son sus problemas y cualidades?
PA - Cuando hablamos del espacio público de las ciudades, enseguida pensamos en las calles y las plazas, en los espacios abiertos y accesibles, es decir, el “negativo” de la edificación. Pero, como va desgranando Sennett en “El declive del hombre público”, ante el debilitamiento de la vida de la plaza en las grandes ciudades desde el s. XVII, su función “cívica” se trasladó a espacios que no son exactamente públicos: los cafés, los clubes, y más tardes los teatros; los bares, edificios públicos culturales y sociales; incluso los centros comerciales. Todos estos espacios de usos múltiples, de encuentro y observación, son espacios ciertamente ambiguos en cuanto a su carácter público/privado, exterior/interior, expuesto/oculto y tal vez por ello más libres. Esta ambigüedad me resulta muy interesante, sobre todo porque la accesibilidad y la vitalidad han dejado de ser sinónimos de libertad, de hecho pueden ser muy engañosas. La evolución del espacio de los centros comerciales nos puede dar idea de ello: en un principio, el diseño de los malls se basó en la simulación de calles y plazas en el interior de un recinto comercial. La cosa hoy día ha cambiado muchísimo. Pensemos en City Walk en Los Ángeles, la más brillante creación del ilusionista Jon Jerde. El arquitecto ideó una calle comercial a cielo abierto: sin aire acondicionado, con luz natural, asfaltada, con alcantarillas… y abierta de 9 a 22h. El mismo horario tiene el Barrio de Santa Cruz de Sevilla, aunque sin rejas ni parking. Por no hablar de paraísos artificiales/simuladores urbanos como Dubai.
A menudo se percibe la debilitación del “espacio público” cuando es vetado o cuando está deteriorado; pero una magnífica plaza recién estrenada, limpia y concurrida, repleta de veladores y galonada con esculturas al aire libre (como La Alameda de Sevilla) puede estar más “enferma” que un parque enrejado o un solar desolado en la periferia. En su libro “Control urbano: la ecología del miedo” Mike Davis cuenta como los creadores de City Walk (una hiperrealidad que condensa y redobla el deteriorado Boulevard de Hollywood, idealizado) no sólo reprodujeron la pátina de los edificios clonados, sino que ensuciaron las calles arrojando envoltorios de caramelo antes de su inauguración. Era preciso escenificar un espacio vivido para que el público, sin saberlo, se convirtiera en actor de un espectáculo urbano que bajaba al plano de lo cotidiano. El éxito de la ciudad como producto en el escaparate global ya no necesita tanto de la pirotecnia arquitectónica de los arquitectos como de la simulación de la “vitalidad anónima” de la ciudad viva, del día a día. Sólo que esta vitalidad provocada es una ficción, un reclamo para el consumo y a la vez un calmante.
Lo preocupante es que estas perversiones de lo urbano no están tan lejas de las políticas de dinamización de espacios con eventos, después de haberlos privado de libertad con las ordenanzas cívicas... Pero la politización del espacio público tiene dos caras: por un lado existen numerosos procesos de privatización, mercantilización y control, incluso una falsificación de lo urbano; por otro, “la calle” se ha convertido en el escenario de las luchas sociales (ocupación, reivindicaciones). A la vez que la ciudad se ha puesto toda ella en venta en el mercado global, los conflictos sociales se han urbanizado. Autores como Saskia Sassen hablan de la conversión del espacio público en un arma (“Intervenciones públicas en las ciudades masivas hoy”).

DS - ¿Cómo lo cambiarías? (soluciones)

PA - ¿Cómo arquitecta o como ciudadana…? No sé, la palabra solución me asusta un poco, pero sí confío en la posibilidad de generar procesos beneficiosos, y que estos puedan evolucionar por sí solos. Es en este sentido que los estratos informales de la ciudad, la ciudad sin arquitectos me resultan fascinantes. Me interesa mucho la idea de Manuel Delgado cuando expone que el espacio ciudadano no ‘es’, sino que ‘sucede’ (“De la ciudad concebida a la ciudad practicada”, Archipiélago nº62). Es una idea que nos remite a los planteamientos situacionistas y su propuesta de una ciudad creada por sus habitantes. Pero existe una diferencia: para Delgado la ciudad sucede al margen de la arquitectura, pese a ella y escapa a la planificación urbana; los situacionistas, sin embargo, veían en la arquitectura una herramienta para que la ciudad pudiera llegar a suceder.
En general, casi toda la cultura crítica de los sesenta concedía a la arquitectura esta cualidad instrumental que la aleja de la idea de “soporte” para la vida ciudadana que aún manejamos los arquitectos — idea que subyace tanto al modelo clásico del ágora como al espacio público-matriz de la modernidad. Si lo urbano se puede falsificar, si la vida se puede “simular” no podemos conformarnos con ofrecer un soporte neutro y receptivo para la misma. Comparto la afirmación de Delgado de que son las prácticas ciudadanas las que hacen emerger espacios de libertad, encuentro, expresión y cooperación; pero confío que la arquitectura puede vincularse de alguna forma a ellas. El verdadero desafío, más que disponer espacios que puedan ser apropiados y dotados de significado por la sociedad, es dar forma a “sucesos arquitectónicos” que surjan a partir de las formas de vida y que se configuren asociándose con ellas. La ciudad espontánea, creada por los habitantes, no sucede sin más, necesita protocolos e instrumentos, y aquí pueden entrar en juego la planificación y el diseño, desplegándose entre el hacer y el dejar que las cosas sean hechas...
En los inicios de sin|studio trabajamos mucho sobre lo que llamábamos edificios híbridos: arquitecturas-paisaje en continuidad con el espacio urbano que creaban lugares para el encuentro, el relax, actividades, etc. Estos vacíos apropiables se acompañaban de diversas tácticas arquitectónicas para vincularlos al barrio y la vida de la ciudad. Tratar de profundizar en las formas que podrían tomar estos vínculos entre estos espacios y las prácticas ciudadanas —no sólo en estos edificios híbridos sino también en el diseño de espacios públicos tradicionales— nos ha llevado poco a poco a lo que Brian Holmes llama investigaciones extradisciplinares, (importar técnicas y medios de otros campos tradicionalmente considerados fuera de los límites de la arquitectura, para poder aforntar a una realidad compleja).

DS - ¿Qué papel pueden jugar las nuevas tecnologías en ese cambio? (espacios híbridos)

PA -
El desarrollo de las TICs ha alterado el dominio de lo público en varios sentidos. Por un lado, lo ha amplificado al incorporar a su cartografía nuevos ámbitos, en especial las redes sociales, en las que se están experimentando nuevas formas de vida pública. Por otra parte, el uso de móviles, reproductores multimedia, cámaras digitales, conexiones a Internet, etc., está íntimamente asociado a una serie de procesos actuales que nos preocupan. Entre ellos, la tendencia a la máxima deslocalización de las relaciones humanas, o al aislamiento progresivo de los individuos, ambas enmarcadas en la búsqueda de la máxima eficacia y productividad de nuestras acciones y experiencias.
Ante situaciones como la ‘no presencia’ o la pérdida de la corporeidad en las relaciones con las personas que nos rodean y con los espacios que habitamos, sin|studio nos decidimos a indagar, como arquitectos, la posibilidad de dinamizar socialmente los espacios urbanos, sin escatimar ninguna herramienta. En relación con la tecnología nos interesa investigar este punto: cómo los numerosos medios de relación, interacción y participación que se están desarrollando gracias a ella pueden ser aprovechados para reforzar el carácter ciudadano del espacio urbano. En definitiva, cómo favorecer la apropiación social de la ciudad a través de los sistemas de comunicación e intercambio de datos y los paisajes que estos generan.
En mi tesis doctoral me he interesado por otra perspectiva diferente, aunque relacionada, en relación con la tecnología. En Internet se están ensayando multitud de organizaciones y combinaciones al margen de la distinción entre público/privado y todas las dicotomías asociadas a tal diferencia: interior/exterior; individual/colectivo; cerrado/abierto; transitado/estático; etc. Lo interesante es que un perfil de usuario intensamente transitado en facebook no difiere tanto del patio de una casa cordobesa abierto y expuesto a los extraños durante el Festival de los Patios de Córdoba. Ambos son combinaciones de bienes privados y usos públicos. La similitud entre la organización y estructura de las redes sociales, el modo en que emergen los estratos informales de la ciudad y propuestas subversivas como Nueva Babilonia de Constant, me lleva a investigar en mi tesis la posibilidad de una arquitectura editable —acabada y a la vez abierta al cambio— como una fuerza capaz de perturbar en alguna medida lo que Sloterdijk ha llamado “mercado integral” en su último libro: la inmersión de toda la vida de deseo y trabajo de los seres humanos en el interior de un gran invernadero del capital (“En el mundo interior del capital”).

2 comentarios:

Luis dijo...

Interesantísimas reflexiones Paula. Os animo a seguir trabajando e investigando en torno a estas cuestiones.

wys dijo...

Muchas gracias Luís!!

Un abrazo,

Paula