miércoles, diciembre 09, 2009

Pomposos touristas

Decía Sáenz de Oiza respecto a su biblioteca algo así como que a medida que había pasado el tiempo había ido desplazando los libros técnicos hacia los estantes superiores para reservar los inferiores más accesibles a Shakespeare y Platón, porque mientras las técnicas cambian y se vuelven obsoletas, el corazón del hombre permanece.

Esa sensación de que el hombre reincide sobre los mismos temas la tuve, a pesar de la distancia temporal y social, al ver alguno de los touristas retratados en la exposición que la National Gallery de Londres ha celebrado recientemente sobre la obra de Pompeo Batoni.
Nacido en Lucca a comienzos del siglo XVIII, Batoni es conocido sobre todo como el pintor oficial de los nobles británicos que realizaban el Grand Tour, y esto le ha permitido ocupar un lugar en la historia del arte que probablemente no se corresponde con sus capacidades artísticas.
Al igual que había ocurrido el siglo anterior con van Dyck, Batoni fue el encargado de renovar la imagen de la nobleza británica, tratando esta vez de acentuar su recién adquirido cosmopolitismo y su naturaleza ilustrada mediante posturas afectadamente intelectuales y escenarios de paisajes y arte clásicos. Estas imágenes, algunas de ellas casi cómicas, no me parece que disten en exceso de las que nos ofrecen los turistas que posan hoy en día delante de los monumentos.


















El noble que retrataba Batoni, como el turista actual, no viajaba para conocer y ser retratado en la Italia contemporánea y sólo tenemos que pensar en lo alejado que están estas imágenes de los escenarios costumbristas coetáneos que pintaban Traversi en Nápoles o Longhi en Venecia para comprobarlo. Viajaban como forma de inmersión en el pasado y la cultura clásica, por lo que Batoni ,al pintarlos, no elegía para sus fondos vistas o paisajes reales, sino que diseñaba collages ideales de ruinas y arte que permitían construir, fuera del tiempo, ese espacio del clasicismo que buscaba el retratado.
















El retratista actual ya no tiene que inventarse ese contexto soñado. La industria del turismo ha consagrado buena parte de nuestras ciudades como fondos pictóricos de Batoni. Hemos tematizado las áreas monumentales extrayéndolas del tiempo actual para construir la ficción de un pasado como marco idóneo en el que ser retratado.



















Y si aquellos retratos servían de registro o síntesis de los meses de vivencia y contacto con la herencia clásica del joven aristócrata de turno, en la fugaz experiencia del turista actual, el registro fotográfico en sí ha pasado a convertirse en la forma de relacionarse y de conocer ese pasado, y es que hoy el Grand Tour se vive a través del objetivo.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Pues sí que tenía una biblioteca grande Oiza! Mis estantes más accesibles son los de arriba...

yuniwa dijo...

La tenia encima de la mesa, por eso los estantes inferiores eran los más accesibles...

wys dijo...

Leyendo esta entrada de Jose Mª he recordado un artículo que leí sobre Second Life, en el que Edu William planteaba que el turismo podría ser una vía de revitalizar el videojuego, ante su fracaso en cuanto al escaso volumen de usuarios en relación con su gran superficie.

Pero lo interesante es que William no planteaba el turismo como un fin en sí mismo, sino como un testeo de lo que podría implantarse en el espacio físico. Es decir, el juego podría ser un LAB sobre los gustos, necesidades y deseos, sobre las demandas de las personas para diseñar la oferta. William mencionaba la participación de Starwood en este universo virtual: a través de la opinión de los ususarios, crea un hotel virtual ideal que más tarde es trasladado a su construcción a la vida real: Aloft hotel.

Las relaciones entre deseos, experiencias, paisaje imaginado y construido, escenarios reales y ficticios que cruzan estas tres experiencias: los escenarios pintorescos e idealizados diciochescos; los escenarios articificales de la ciudad tematizada; los escenarios virtuales experimentales de Starwood y su translado a la realidad dan mucho que pensar acerca de la posible construcción social de la ciudad...

En particular el experiemnto turístico en SL llevado a una construcción real me trae a la mente algo de lo que hace dos días hablaba con José Mª: ¿hasta que punto lo participativo es democrático? La cuestión es: ¿sobre qué opinaban los usarios? ¿sobre la forma, las facilidades, el precio...? las dimensiones de la pregunta que hace el que cede la voz da la medida de la relevancia y poder de esta participación.

Por otra parte ¿qué diferencia existe entre una empresa que aprovecha la participación de la gente en la creación de un entorno ficiticio para experimentar con la demanda y extraer información de la misma en vistas a la rentabilidad económica de sus productos, y los sistemas participativos utilizados por políticos/urbanistas? ¿no están ambos, al fin y al cabo, "rentabilizando" la ciudad, tratándola como mercancía y no como espacio social? En definitiva, ¿hasta qué punto lo participativo acerca el espacio urbano a un espacio ciudadano o lo pone a disposición de procesos de mercantilización bajo una careta democrática?

Sin duda la construcción social del espacio ha de experimentar otras formas de contrato social al margen de lo participativo.
No es que este modelo me parezca ilegítimo, pero creo importante profundizar el los fundamentos éticos e ideológicos detrás de propuestas aparentemente beneficiosas y benevolentes, que muchas veces, inconscientemente, marcan goles contra su propia portería.

想想 dijo...

GREAT........................................

míguel dijo...

Esto es lo que yo digo...

http://www.elangelcaido.org/fotografos/atget/atget.html

Ea... Ya está.

hacedor de trampas dijo...

Es cierto que los temas del corazón del hombre siguen siendo siempre los mismos, aunque la tecnología avance, siempre existiran los sentimientos. En cuanto a lo de la fotografía del turista, Soriano dice que está hecha para olvidar, ya que después de hacerla, se anota el año y el lugar, y se archiva, y así podemos olvidarla, porque siempre encontraremos ese recuerdo cuando queramos buscarlo.