
Hace ya unos años hicimos otro concurso en Cádiz, la Casa de las Artes. Se trataba de una intervención singular y emblemática con un complejo programa que integraba tres centros dedicados a las enseñanzas artísticas: conservatorio profesional de música, de danza y escuela de artes plásticas y diseño. Los centros funcionaban independientemente, pero compartían una serie de usos – auditorio, biblioteca, cafetería y sala de exposiciones- accesibles por los ciudadanos. Pensamos que la intervención tenía de operar a diversas escalas, con una repercusión directa en su entorno cercano y un valor representativo para la ciudad.
El solar está situado en una zona en la actualidad inmersa en una operación de regeneración urbana, tras el desmantelamiento de actividades industriales junto a la Bahía. Su pasado industrial ha condicionado el contacto entre la ciudad y este área, a la que tradicionalmente se ha dado la espalda. La liberación de espacio genera un potencial aprovechable por toda la ciudad, dada su situación central en Cádiz. Operaciones urbanísticas tratan de reactivar el tejido mediante la inserción de actividades comerciales, equipamientos, creación de nuevos espacios libres… Como otros desarrollos “periféricos” de las ciudades contemporáneas, quiere empezar a funcionar independiente del centro creando su propia infraestructura e identidad.
En nuestra propuesta, el carácter emblemático del edificio no se reconoce a través de su propia configuración volumétrica, la arquitectura prioriza la actividad que acoge sobre su propia presencia. La Casa de las Artes cede su “fachada” para exhibir su actividad al entorno urbano, como reclamo y expresión de su valor simbólico y humano. El proyecto propone aprovechar la concentración de actividades recreativas y culturales junto al dinamismo de un centro de enseñanza para crear un “atractor” capaz de originar una cierta actividad urbana. El programa compartido por los tres centros tiene un gran potencial por ser accesibles a usuarios diversos. Proponemos la aglomeración de la sala exposiciones, la cafetería, el auditorio, la biblioteca, las pistas polideportivas, relacionadas entre si y en continuidad tanto con los centros de enseñanza como con el espacio público.

Los diversos programas se aprovechan del mismo gesto formal, un pliegue que recorre en diagonal el edificio desde la calle a la segunda planta. En él se concentran los usos susceptibles de crear un estar urbano. Un eje en Z de programa compartido: a veces controlable y otras fuera de control del arquitecto. La superficie que se libera ofrece un soporte para actividades imprevisibles. Será el propio centro y los ciudadanos los que espontáneamente gestionaran los usos de este espacio.
Con esta concentración dinámica pretendemos generar una masa crítica suficiente para convertir la Casa de las Artes en nodo de convergencia de otras actividades, ofrecer a los usuarios del centro, los vecinos del barrio una superficie urbana para la confluencia, reunión e intercambio. Las actividades culturales y recreativas atraen en las ciudades contemporáneas situaciones imprevisibles, creamos un plano urbano para darles espacio.
“La historia de la vida ciudadana en los dos últimos siglos está marcada por el intento de controlar y ordenar la vida molecular y efervescente de la calle. No se trata de una pretensión atípica: es la expresión social y urbanística de la biopolítica que ha caracterizado el periodo moderno, cuyo objetivo general ha sido encauzar y disciplinar la vida con fines de explotación y utilidad. La ciudad moderna ha sido el campo de una batalla desigual en la que los poderes han ido imponiendo renovadas formas de control espacial y temporal a una vida popular que, hasta ahora, siempre ha sabido aprender nuevas tácticas de resistencia”. CLAUDIO ZULIAN.

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