
Ese "después" y límpido arquitectónico se convierte aquí en un "antes", expuesto a través de las solemnes fotografías tomadas por Nicolas Grospierre de seis prestigiosos edificios recientemente levantados en Polonia. Para ellos, Kobas Laksa idea un posible "después", futuro ficticio que desvela dichos renombrados edificios como meras envolventes escenográficas. Los seis collages de este artista plantean que estas obras no son más que contenedores. Que podrían muy bien ser reescritas y recolonizadas, pues han sido concebidas de forma totalmente independiente de la actividad que en ellos se desarrolla; en esencia, están desconectadas de la vida. Expuestas entre fotografías actuales de Grospierre como en un sandwhich, estas ficciones sugieren no sólo un después de los edificios, sino también un antes, es decir, la posibilidad de concebir de otra forma la arquitectura.

Con su conversión de edificios faraónicos en alocados parques acuáticos, y sus divertidos bladerunners rururbanos, Laksa evidencia de un modo cómico, lo que aún no ha dejado de ser una asignatura pendiente para la arquitectura: la rigidez de los edificios en un mundo cambiante y tendente a la desmaterialización, y más aún, el desfase entre las demandas sociales y una manera ensimismada de concebir la arquitectura que la está reduciendo a envolvente escenográfica y coartada política. No en vano la muestra se enmarca dentro del lema Out There: Architecture Beyond Building, con el que su comisario Aaron Betsky ha querido reclamar esa mirada más allá de la arquitectura a la que sin|studio desde nuestros inicios nos hemos suscrito.


Pero quizás más interesante que el contenido en sí de la exposición sea la instalación/montaje de la misma, Hotel Polonia, en la que esta descompensación contenedor/contenido es evidenciada en la misma realidad. Con la idea de sugerir un uso más sostenible para el pabellón polaco, el volumen cúbico y su fachada art-decó de aires fascistas es transformada en un hotel para la Bienal de Venecia, en la que siempre faltan plazas hoteleras durante el evento. El pabellón se convierte así en un servicio social superpuesto a la exposición: las camas invaden las galerías, ofreciendo hospedaje al que lo requiera, solo bajo la condición de dejar las camas libres durante las horas de exposición. Esta sugerente extensión del "montaje" y la actividad expositiva hacia la realidad no deja de remitir a la Metavilla de Exyzt para el pabellón francés de la Bienal hace unos años, y su crítica hacia los conceptos de arte, evento o exposición asociados a la misma Bienal.

