viernes, mayo 18, 2007

M1ML: El Barrio de Santa Cruz y el turismo

A principios del siglo XX, durante la dictadura de Primo de Rivera, Juan Talavera afronta el encargo de la redefinición del antiguo barrio de Santa Cruz. En un periodo de exaltación nacionalista, su proyecto hace una reconstrucción higienizada de lo que era considerado “autentico” o “esencial” andaluz. El entramado de calles, patios y casas encaladas, con una constante presencia de la vegetación en los patios, y tópicos como la blancura de las casas o la estrechez de las calles son recogidos por Talavera en un escenario higienizado, regularizado y convertido en símbolo del ideal sevillano.

Esta ciudad teatralizada, calificada por algunos de escenografía urbana, se convertiría en el foco principal del turismo en Sevilla. La cultura local tematizada y simplificada ha sido fácilmente incorporada al imaginario turístico tan sediento de imágenes ‘auténticas’. Ello se ha visto favorecido por la búsqueda de la identidad local de pasar a formar parte del imaginario global, a través del turismo, que sitúa a las ciudades dentro del circuito mundial de ocio y consumo.

El turismo urbano, como ligado al consumo acelerado de imágenes raramente llega a implicarse con la vida de la ciudad. A menudo genera circuitos propios prácticamente al margen de la ciudad que se visita, basado en la construcción de recorridos de máxima intensidad contemplativa, la cultura típica es consumida por el visitante en cápsulas de rápido efecto fácilmente digeribles y asimilables. La complejidad social se simplifica y el ciudadano originario se ve expulsado de estas rutas tematizadas. En ellas la experiencia turística es eminentemente visual. El hecho de llevar encima la cámara hace al turista estar alerta, dispuesto a la captura de la escena fotográfica que congela instantes de la experiencia turística al tiempo que pasa a formar parte del banco de imágenes global. Junto a la tecnología digital, que multiplica la posibilidad de fotografiar o tomar vídeos, el desarrollo de Internet ha fomentado la circulación y movilidad de imágenes. Si nos introducimos la ciudad de Sevilla en un buscador encontraremos junto a las imágenes estándares y oficiales multitud de visiones personales. Estas visiones pasan a formar parte del paisaje turístico.

Sin duda el Barrio de Santa Cruz es un espacio programado y dirigido, dominado por ciertas rutinas, pero lo que sucede en el paisaje turístico virtual revela que el imaginario colectivo y la realidad se condicionan y producen mutuamente... Si las condiciones que rigen y organizan los entornos son plásticas, ¿existe entonces la posibilidad de adoptar una posición activa, creativa y expresiva en el espacio turístico? El proyecto M1ML, subvencionado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, trata de explorar estas cuestiones interfiriendo en la ruta turística del Barrio de Santa Cruz.

martes, mayo 15, 2007

Arte Público

Hace tiempo que quería sugerir la lectura de A*desk, un blog colectivo de un buen grupo de críticos y comisarios de arte catalanes y ha sido Ana García-Pineda quien me ha proporcionado la excusa perfecta para hacerlo con su reflexión Las fallas de Münster.

Porque las paredes blancas ya no nos gustan y lo que nos apetece es ver a artistas que se comporten como psicólogos, educadores, sociólogos, guías turísticos, antropólogos, magos o ginecólogos. Lo que mola es implicar a los ciudadanos y parece que no hay mejor forma que plantarles arte delante de las narices. Pues implicar no significa necesariamente pensar o preguntar, sino obligar a ver. Yo me lo guiso, tú te lo comes. Ante tanta democratización de la cultura me pregunto qué ocurre cuando se nos fuerza a ser espectadores, cuándo “el arte” pasa a ser paisaje.

Este post ha dado lugar a comentarios dentro del blog que han abierto un interesante debate acerca de la proliferación de intervenciones en el espacio público, el peligro de ciertas actitudes paternalistas o del riesgo de incorporación a circuitos turísticos. Utilizando la próxima edición de Münster como excusa García-Pineda nos propone una mirada critica a la evolución del arte público, siempre útil para aquellos que estamos interesados en este tipo de actuaciones aunque no compartamos todo lo planteado.